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Iglesia Anglicana Episcopal de Bolivia


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Santa Eucaristia

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La Santa Cena o Santa Eucaristia

La Santa Cena es un acto de adoración que toma la forma de un baquete ceremonial en el cual los siervos de Cristo comparten pan y vino en memoria de su Señor crucificado y en celebración de la nueva relación de pacto con Dios por medio de la muerte de Cristo.


a) No creemos en la transubstanciación. Jesús está espiritual, pero no físicamente presente.

Aunque nuestra creencia acerca del sacramento del bautismo hace que nuestra práctica sea un poco diferente de la práctica romana; con respecto a la Santa Eucaristía, nuestra creencia diferente afecta a nuestra práctica. La comprensión Romana de este sacramento está definida en la doctrina de la transubstanciación, la cual establece que cuando los elementos del pan y del vino son consagrados, ellos se convierten en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo; ya no son pan y vino, a pesar de las apariencias. Su substancia ha sido transformada. Rechazamos esta doctrina por no tener fundamento ni en la Escritura, ni en la Razón común. Cuando Jesús dijo: "este es mi cuerpo"y "esta es mi sangre" (Lc.22:19-20), él estaba físicamente presente en su propio cuerpo y sangre. Eran su cuerpo y su sangre los que estaban sosteniendo el pan y el vino. La doctrina de la encarnación dice que Dios se hizo hombre como nosotros, pero sin pecado. El cuerpo de Cristo antes de la resurrección fue un cuerpo natural como el nuestro y no pudo ni dividirse ni multiplicarse dentro del pan y el vino mientras él lo sostenía. Su intención ha tenido que ser simbólica; el pan y el vino representarían su cuerpo y su sangre para el propósito del sacramento. Esta es la comprensión natural de sus palabras y creemos que esto es lo que debe significar ahora. Una segunda objeción relacionada con esto está en que los dos credos, el niceno y el de los apóstoles dice que Jesús está sentado a la diestra del padre hasta que venga de nuevo para juzgar al mundo. No dice nada acerca de la venida de Cristo a la invocación de un sacerdote. Creemos que esta presencia de Cristo es espiritual hasta que él vuelva. El está presente entre nosotros a través del Espíritu Santo que mora en todos los fieles.


b) Somos alimentados por Cristo en el sacramento sólo por fe

Es así como creemos que el sacramento de la Santa Eucaristía nos alimenta. El Espíritu Santo nos trae a Jesucristo cuando contemplamos su muerte y reafirmamos nuestra participación en ella. Nuestra comprensión de la Santa eucaristía es ésta: los elementos del pan y del vino llegan a ser signos de nuestra participación en el cuerpo de Cristo y en la sangre que él derramó para salvarnos. Al participar en este sacramento somos espiritualmente alimentados y fortalecidos. Creemos que esto ocurre solamente a través de la fe; sin fe el sacramento no es nada más que un ritual muerto, sin importar lo hermoso que pueda parecer. Puede ser aún dañino recibir la Comunión si uno no acepta a Cristo como Salvador o no se arrepiente verdaderamente del pecado, lo cual es parte de la fe cristiana, por lo tanto cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna, será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor, como dice san Pablo bebe su propia condenación. (1Cor.1127-29) Obrar en esta manera es tratar con desprecio el sacramento y lo que éste representa. Esto puede endurecer el corazón, llegando a hacer más difícil el arrepentimiento y la fe.


c) Es una acción de gracias, no un sacrificio

También creemos que el sacramento de la Santa Eucaristía es un sacramento de acción de gracias. El significado de la Eucaristía, nombre que le damos a la Santa Comunión, es Acción de Gracias. Es la celebración de lo que Cristo ha hecho para salvarnos y de lo que él ha hecho de nosotros. No es petición para el perdón de los pecados, porque solamente aquellos cuyos pecados han sido ya perdonados por Cristo, pueden participar, y este perdón fue logrado por Cristo en la cruz. No hay necesidad de sacrificios adicionales para alcanzar el perdón de nuestros pecados cometidos después del bautismo. La muerte de Cristo fue suficiente para perdonar todos nuestros pecados. Aunque a menudo usamos palabras de sacrificio y altar, no pretendemos estar repitiendo el sacrificio de Cristo otra vez, sino que estamos recordando y representando simbólicamente el sacrificio que Cristo hizo ya para que podamos reafirmar y fortalecer nuestra fe. Nuestro sacrificio es de alabanza y de acción de gracias. No creemos que éste sacramento, sea necesario para ser perdonados más de lo que es el bautismo.

d) No ofrecemos misas por otros ni rendimos culto a los elementos

Porque no hay un re-sacrificio de Cristo, no ofrecemos la Eucaristía a Dios en nombre de nadie. No celebramos misas por los difuntos, por los pobres o por otro tipo de personas. Los beneficios del sacramento son únicamente para aquellos fieles que participan en él. Porque no creemos que los elementos del pan y el vino, lleguen a ser el verdadero cuerpo y sangre de Cristo, no tratamos a los elementos consagrados como si ellos fueran el Señor. No los adoramos, porque Cristo no está presente en ellos específicamente, como afirma la Iglesia Romana de una manera real y física, sino que él está presente en nosotros a través del Espíritu y está trabajando en nosotros por nuestra participación en su sacramento del pan y del vino. El propósito de los elementos es de ser consumidos como el signo de nuestro alimento espiritual. Por eso no lo reservamos para ser llevado en procesión o para guardarlo en un tabernáculo con el fin de ser adorado. Podemos guardar algunos elementos consagrados para ser llevados a los enfermos o a aquellos que son incapaces de estar con nosotros en el culto.

e) La copa de vino en común no es peligrosa

En nuestra práctica de la en la Eucaristía, la comunión ofrecemos con las dos especies del pan y el vino a todos los que se acercan a recibirlos; animamos a todos para que reciban ambos elementos, porque está es la forma como Cristo instituyó el sacramento. Aunque desde el Vaticano II la práctica romana ha sido permitir de nuevo esta práctica, todavía no es común que la congregación reciba vino. Por tanto la mayoría de los católicos romanos pueden estar desacostumbrados y pueden mostrar desconfianza acerca de la seguridad de una copa en común. Esta preocupación la pueden compartir también la mayoría de los protestantes que no usan una copa común y que tampoco usan vino. Nosotros, sin embargo, no tenemos miedo de ningún peligro por el uso de la copa en común porque este es el sacramento de Cristo y debemos confiar en él, quien nos preserva de enfermedad y de otros peligros, cuando seguimos obedientemente su mandamiento de hacer esto en memoria de él. La experiencia ha mostrado que ninguna enfermedad se ha extendido por medio de esta práctica; tampoco se ha sabido de nadie con debilidad por el alcohol que se haya vuelto alcohólico por recibir fielmente el sacramento. Dios es más poderoso que el pecado o la enfermedad.

Otra cosa que está inmediatamente obvia acerca de nuestra práctica de la Santa Eucaristía es que nosotros invitamos a todos los cristianos bautizados en el Nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. No la restringimos a los anglicanos. Esto es porque la Eucaristía no es nuestro sacramento, sino que es del Señor. Esta es la Cena del Señor y esta es su mesa; por esa razón invitamos a todos los que son parte de su cuerpo, a quienes lo han aceptado como su Señor y Salvador y que han recibido el único signo que mandó que recibieran sus discípulos, a saber, el bautismo en el nombre de la Trinidad. (Mt.28:19)

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